
Nadie está libre de usar contraseñas poco robustas (ni los hackers). La
idea de tener una palabra compleja, recordable y diferente para cada
lugar en que necesitas ingresar una contraseña es algo bastante
obsoleto. El modelo es frágil y por algo las grandes empresas están
trabajando en desarrollar formas de reemplazar las
contraseñas como
método de autentificación.
Una nueva prueba de que nadie está libre de este problema intrínseco de
las
contraseñas es el estadounidense Jeremy Hammond, miembro de
LulzSec acusado de entrar a los servidores de la firma de seguridad Stratfor y de entregar informes internos a
WikiLeaks. El
hacktivista fue arrestado en 2012
por el FBI tras encabezar la lista de los cibercriminales más buscados
de la agencia, tras lo cual fue condenado a 10 años de prisión.
Cuando las autoridades allanaron su hogar, encontraron que su laptop
estaba completamente cifrado. Sin embargo, las autoridades lograron
ingresar al notebook de Hammond sin quedar claro cómo fue que lograron
hacerlo.
Recientemente
realizaron un perfil del hacktivista de 29 años donde entrevistaron a Hammond en su celda, quien entregó sus sospechas de cómo lograron ingresar a su computador:
Hasta este día, Hammond no está seguro cómo los agentes lograron
crackear su programa de cifrado para obtener lo que necesitaban para
encarcelarlo, pero tiene una idea: "Mi
contraseña era muy débil".
Era su gato.
"Chewy", dijo mirando a sus manos. "Chewy 123"